Estrés y grasa: por qué el cuerpo se aferra a lo que intenta proteger

El cuerpo no se equivoca: hace exactamente aquello para lo que está diseñado cuando percibe peligro, inestabilidad o estrés prolongado. Tampoco almacena grasa de manera pasiva ni arbitraria. En paralelo, cuando el organismo percibe que sus reservas de grasa están amenazadas, activa mecanismos de defensa para preservarlas.

Todo ello es un círculo que queda lejos del pensamiento tradicional al respecto, y que asegura que la acumulación de grasa es un simple desequilibrio entre lo que comemos y lo que gastamos.

En este artículo hablamos de la relación entre el cuerpo y la grasa, y entre la grasa y estrés, para ayudarte a comprender cómo responde tu cuerpo en cadena.

La vinculación de la grasa con el estrés y el cortisol

El estrés es una respuesta adaptativa. Cuando el cerebro detecta una amenaza —real o percibida— activa una cascada de reacciones hormonales diseñadas para garantizar la supervivencia. Así se libera el cortisol, una hormona que moviliza energía rápida, incrementa la glucosa en sangre y prepara al organismo para resistir.

El problema surge, sin embargo, cuando este estado se cronifica. El estrés sostenido, propio de la vida moderna, mantiene elevados los niveles de cortisol durante largos periodos. Y el cuerpo, interpretando que vive en un entorno hostil e imprevisible, adapta su metabolismo para conservar recursos. En ese contexto, la grasa corporal se convierte en un escudo biológico.

A su vez, el cortisol no solo influye en cuánta grasa se almacena, sino también en su ubicación. Se ha demostrado que niveles elevados de esta hormona favorecen especialmente la acumulación de grasa visceral, aquella que rodea los órganos internos.

El cuerpo no tiende hacia una silueta estilizada

Desde una lógica evolutiva, la redistribución de la grasa antes mencionada tiene sentido: proteger los órganos vitales y asegurar reservas energéticas rápidas. El cuerpo prioriza su supervivencia inmediata frente a cualquier objetivo estético o funcional a largo plazo. Por eso, en situaciones de estrés crónico, o tras él, resulta especialmente difícil reducir volumen en determinadas zonas, incluso manteniendo una dieta equilibrada y actividad física regular.

La razón: el cuerpo aprende a gastar menos y a conservar más. Pero es entonces cuando la cirugía puede tener la respuesta si la acumulación es localizada y notable.

La protección de la grasa como algo indispensable

Lejos de ser un tejido inerte, la grasa es un órgano endocrino complejo. Produce hormonas, citocinas y señales inflamatorias que participan en la regulación del apetito, la sensibilidad a la insulina y el equilibrio energético. Además, cumple funciones mecánicas, térmicas e inmunológicas. La acumulación y defensa de la grasa son, por tanto, respuestas adaptativas.

Asimismo, el organismo recuerda estados previos de peso y composición corporal, y tiende a defenderlos. Este fenómeno explica por qué muchas personas experimentan estancamientos prolongados o recuperaciones de peso tras periodos de adelgazamiento. Se trata de una eespuesta biológica profundamente programada. Hay que tener en cuenta que el cuerpo no distingue entre una dieta voluntaria y una hambruna: ambas activan los mismos mecanismos de protección.

Pérdida de volumen cuando la grasa es resistente

En determinados casos, la cirugía plástica puede actuar como un punto de inflexión cuando el cuerpo ha quedado atrapado durante años en un estado de protección metabólica, pudiendo reducir drásticamente no la obesidad pero sí depósitos de grasa resistentes, o modificar volúmenes que el organismo se niega a movilizar.

En este sentido, la cirugía no actúa como un «atajo», porque también libera al organismo de una adaptación prolongada al estrés y otros factores, permitiendo que otros mecanismos fisiológicos vuelvan a funcionar con mayor normalidad, y una reorganización más flexible del equilibrio energético a partir de ese momento. Aunque hay que recordar que tras un tratamiento quirúrgico, hay que reaprender a cuidarse. ¡Es el momento perfecto!