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Mayor esperanza de vida y menor envejecimiento: ¿estamos tocando con los dedos un nuevo futuro? Para responder a esta pregunta, en primer lugar hay que acudir a las estadísticas oficiales, que confirman que efectivamente la esperanza de vida no deja de aumentar.
Según los estudios del Instituto Nacional de Estadística (INE), mientras que en España en el año 1991 la proyección de esperanza de vida era de 74 años para los hombres -y de 80 para las mujeres-, en 2025 esa proyección se ha ampliado para los varones hasta los 81 años (por tanto, casi un 10% más que hace 34 años). Y llega a los 86 en el género femenino (un 7,5% más que en 1991).
Pero los informes del INE también dicen que para los próximos años se prevé una esperanza de vida de 86 años para ellos y de 90 para ellas. En total, un nuevo incremento general de aproximadamente un 15% respecto a las estadísticas de hoy en día.
El concepto ‘esperanza de vida’ es un promedio, que indica “el número medio de años que esperaría seguir viviendo una persona en caso de mantenerse el patrón de mortalidad”. Pero en paralelo al número de años de vida, en lo tocante a nuestra apariencia física, futuristas como Ray Kurzweil sugieren que se podría detener el envejecimiento en 2029, teniendo en cuenta en el ritmo actual de los avances científicos.
Esta pregunta ha estado siempre en la mente de la humanidad: ¿por qué los hombres viven menos que las mujeres? Lejos de atender a bulos, veamos lo que dicen los especialistas.
Conforme se afirma en uno de los estudios más recientes que se han publicado al respecto en nuestro país -realizado por la gerontóloga, e investigadora de las diferencias de género en el envejecimiento, María José Calero García-, las féminas disponen de un sistema inmunológico más desarrollado, gracias a que tienen un cromosoma X más. Asimismo, sus estrógenos actúan como protección ante problemas cardiovasculares, al menos hasta la menopausia.
En paralelo, y entre otros factores, ellas suelen solicitar asistencia sanitaria con mayor frecuencia, y respetar más los tratamientos prescritos. Pero a todo ello hay que añadir lo emocional, porque, según los mismos expertos, las mujeres gestionan mejor las emociones que los hombres, lo que conlleva que disfruten de una mejor salud emocional.
Vivir más pero mejor, también desde la perspectiva de la apariencia física. En este asunto, los futuristas no van mal encaminados.
La comprensión del envejecimiento a nivel molecular ha progresado notablemente durante la última década, y hace tres años ocurrió algo inesperado: la revista científica eLife, en 2022, publicó los resultados de un estudio del Instituto Babraham en Cambridge (Reino Unido), liderado por Wolf Reik, donde se logró que las células de la piel de una mujer rejuvenecieran nada menos que 30 años.
Los científicos “reprogramaron” las células basándose en una técnica del japonés Shinya Yamanaka, premio Nobel en 2012, y obtuvieron finalmente células madre más jóvenes. En general, las células madre tienen el poder de rejuvenecer. La razón de ello es que se autorrenuevan, regenerando los tejidos envejecidos. Además, estimulan muy significativamente la producción de colágeno y elastina, mejorando también la respuesta inmunitaria.
En medicina estética, esta dinámica de rejuvenecimiento celular se puede traducir en un tratamiento que no es tan conocido como otros más populares: el plasma rico en plaquetas (PRP), donde el material de origen es la sangre del propio paciente, centrifugada y procesada. El plasma rico en plaquetas, si bien no contiene células madre, está íntimamente relacionado con ellas. El motivo es que los factores de crecimiento liberados por las plaquetas activadas estimulan la proliferación y diferenciación de las células madre mesenquimales.
En otras palabras, el PRP actúa como un «activador» para que las células madre existentes en la piel, tendones u otros tejidos multipliquen y regeneren los tejidos dañados o envejecidos.
Todo parece apuntar, por tanto, a que este tratamiento que sigue permaneciendo en un segundo plano, a pesar que hace años que está disponible, puede ser uno de los grano de arena que den inicio al camino de la “eterna juventud”. Pero no solo esta técnica en concreto, sino también otras que trabajan en la regeneración celular a través de la estimulación de los propios mecanismos biológicos. Hablamos, por ejemplo, de la mesoterapia -infiltraciones de vitaminas y antioxidantes- y de los bioestimuladores de colágeno -como la hidroxiapatita de calcio, conocida por la marca Radiesse-.
Y este camino no para, porque este mismo año 2025 se ha descubierto que suprimir la proteína AP2A1 frena radicalmente el envejecimiento de la piel: AP2A1. Al contrario que otros procedimientos estéticos, donde se aplica una u otra sustancia, este hallazgo indica que restar la cantidad de esta proteína en el organismo puede hacer que las células envejecidas se recuperen, se dividan y se regeneren. Así actúa también en los ensayos clínicos una enzima llamada telomerasa, que si se activa incrementa la longevidad de las células.
De nuevo, el término ‘célula’ es el protagonista, y es que el secreto de la eterna juventud se encuentra en conocer, ralentizar y revertir los procesos celulares. Los avances que, en este aspecto, se esperan el resto de este siglo pueden permitir no solo envejecer con una apariencia joven, sino con un mejor estado de salud.
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