CLÍNICA NÉLIDA GRANDE - SABADELL
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Investigaciones recientes muestran que una alimentación saludable puede traducirse en una reducción significativa del riesgo de mortalidad global, con ganancias de varios años de vida en promedio, especialmente cuando se sigue desde la edad adulta.
Poblaciones estudiadas en zonas de alta longevidad, como algunas regiones del Mediterráneo o las llamadas “Blue Zones”, comparten características comunes en sus hábitos alimentarios. Independientemente de las diferencias culturales, estos patrones tienden a priorizar alimentos de origen vegetal, fuente regular de grasas saludables, y un consumo moderado o escaso de productos ultraprocesados y carnes rojas.
De modo que, sí, lo que llevamos escuchando toda la vida es científicamente cierto y los investigadores dicen que puede ir mucho más allá y alargar nuestra vida.
Por un lado, una dieta rica en alimentos vegetales aporta una gran cantidad de compuestos bioactivos, como antioxidantes y polifenoles, que ayudan a contrarrestar el estrés oxidativo y la inflamación crónica, dos procesos implicados en la progresión de enfermedades cardiovasculares, cáncer y deterioro cognitivo. Además, los patrones alimentarios que aportan fibra, ácidos grasos esenciales y micronutrientes favorecen un perfil metabólico más equilibrado, mejorando la sensibilidad a la insulina, la salud intestinal y la regulación del colesterol —todos factores que se correlacionan con mayor esperanza de vida.
Este enfoque no es únicamente una cuestión de cantidad de calorías; se trata de calidad, diversidad y equilibrio en los nutrientes que llegan al organismo de forma sostenida a lo largo de los años.
Cada uno de estos grupos de alimentos no es una garantía absoluta de vivir más tiempo —ni sustituyen otros pilares del bienestar como el ejercicio, el descanso o la gestión del estrés— pero forman parte de un patrón de vida que, científicamente, se asocia con una mayor probabilidad de vivir con salud y funcionalidad en la edad adulta y avanzada.
Aunque no existe un alimento “mágico” que por sí solo prolongue la vida, ni hablamos de “superalimentos”, la ciencia advierte que el efecto de consumir los alimentos que hemos enumerado en el apartado anterior efecto no se limita a la duración de la vida en términos de años, sino también a la llamada salud funcional: la capacidad de mantener un estado físico y cognitivo óptimo durante más tiempo.
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